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¿Existe la magia?

  • Foto del escritor: Bebesita
    Bebesita
  • 22 feb 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 10 jun 2021


Uno de los primeros artículos que leí tras enterarme de tal revelación, fue la historia de una mujer que no podía quedarse embarazada. Una vez que logró conseguir su sueño, agradeció en forma de cuento el trabajo realizado por el doctor Antonio Pellicer (IVI Valencia).


Me fascinó que introdujese el uso de la magia para explicar el proceso por el que había pasado. Al igual que me gusta mucho la idea de considerar el papel de la donante como un hada madrina, que ofrece sus óvulos como un regalo caído del cielo.


Este cuento me reconfortó, me transmitió esperanza y buenas vibraciones, e hizo que calmara mis preocupaciones e inquietudes.


Creo que es una de las maneras más preciosas que hay para contarles a sus hijos todo el recorrido por el que pasaron para conseguir su existencia.



El famoso Mago de Valencia


Érase una vez en Valencia, la ciudad del Arte y de la Ciencia, un castillo mágico llamado IVI. El castillo era azul y blanco, y todas las mujeres que querían ser mamá iban allí para realizar su sueño.


Muchachas de todo el mundo cogían el avión y volando sobre las nubes, imaginaban la carita, los ojos, y los pequeños pies de su bebé. Un día, mamá Francisca y papá Marco fueron a la consulta del famosísimo Mago conocido en todo el mundo, el doctor Antonio, que con una gran sonrisa les dijo: "vas a ser mamá Francisca, y yo te ayudaré. Quédate tranquila, dentro de unos días tu hada madrina, de nombre Marina, te mandará una receta médica, es mágica.


“Mágica”, suspiró mamá Francisca. “La preparé yo mismo con la ayuda de mis amigos médicos y biólogos”, le dijo el doctor Antonio.


Mamá Francisca le dio un fuerte abrazo y lo saludó.


Pasaron muchos días, y Francisca pensaba en las palabras que le había dicho el doctor Antonio. De repente el teléfono sonó, y Francisca se sobresaltó.


Una voz dulce y suave se presentó: "Soy Marina, no soy una reina, solo soy tu hada madrina. Mago Antonio me llamó, y de ti me habló. Tu problema me contó, y su receta me mandó, él de ti no se olvidó”.


“¿Qué debo hacer ahora?”, preguntó mamá Francisca. “Los mensajeros del Castillo están viajando por el mundo para entregar a todas las damas la prescripción mágica. No te olvides mamá Francisca, nadie puede leer la fórmula extraordinaria, es secreta. Y ahora cierra los ojos y repite conmigo: recetilla extraordinaria, que no eres culinaria, pero solo embrionaria. Si a caso es verdad, dime ¿qué beneficios me darás?".


De repente algo raro pasó, y Francisca entró en trance, y le pareció ver la cara familiar del doctor Antonio, que le dijo: “este es tu pequeño óvulo".


Francisca se sintió inmensamente feliz, si el Doctor Antonio estaba a su lado, algo fantástico estaba a punto de pasar.


Pero solo fue un instante, casi una visión sobrenatural.


Francisca había soñado con la profunda voz del Doctor Antonio, seguía oyéndola cada momento, ahora solo debía esperar el gran día.


Un caluroso día de verano, Marina, el hada madrina, llamó a Francisca, y le dijo que ya debía coger el avión y partir para Valencia. Papá Marco y Mamá Francisca estaban tan emocionados, que prepararon los equipajes rápidamente.


El Castillo del Mago Antonio apareció de improviso, Francisca se quedó sin palabras, el Palacio era imponente y majestuoso. El Mago les dijo: "os lo enseñaré, aquí hacemos hechizos y encantamientos".


Cuando el avión aterrizó, el Mago Antonio estaba allí con la misma sonrisa de siempre, y mirando a Francisca a los ojos le dijo: "tengo una sorpresa, venid conmigo”. Viajaron en una limusina blanca, Mamá Francisca soñaba con los ojos abiertos, mirando la famosísima Valencia que tenía algo especial, se sentía la magia.


Cuando entraron, Francisca vio que todos los ayudantes del Mago llevaban uniformes de diferentes colores, era un lugar lleno de vida y de esperanza. Visitaron el laboratorio de los ovulillos donados, y mientras papá Marco y mamá Francisca observaban admirados, el Mago empezó a hablar: "chicas buenas y generosas donan sus óvulos para ayudar a todas las muchachas del mundo que quieren ser mamá". Francisca empezó a mirar un pequeñísimo ovulo que tenía sus ojos y su carita gorda, y sin darse cuenta empezó a hablar: “ovulillo de mi sueño, que ahora eres tan pequeño, solita no puedo estar, y tú no me puedes dejar. En mi vientre crecerás y comerás, que mi niña tú serás, y con mamá siempre estarás".


Cuando Francisca abrió los ojos, el Mago Antonio que le estaba sonriendo, le dijo: "Francisca este es el mismo ovulillo que había elegido para ti. Falta poco, solo debemos hacer un pequeño encantamiento, y piensa que dentro de unas semanas te vas a quedar embarazada”.


Mamá Francisca le preguntó: "Mago Antonio, ¿estará conmigo aquel día?".


“De verdad me encantaría, pero no puedo dejar de hacer magia, y con mi brujería a otras chicas ayudaría. Si pensativa estarás, de mis palabras no te olvidarás”.


Aquel día fue la última vez que mamá Francisca vio al Mago Antonio, nunca lo olvidaría en su vida.


Pasaron unos días, y una tarde de verano inolvidable, Papá Marco y Mamá Francisca fueron al Castillo. Marina, su hada madrina, estaba allí, la tranquilizó mucho.


Ella les entregó dos delantales verdes, que mama Francisca y papa Marco se pusieron. Luego, Marina les acompañó a la puerta del laboratorio mágico de los ovulillos, y les saludó con un abrazo.


Papá Marco, mientras apretaba muy fuerte la mano de mama Francisca, abrió la puerta, y una voz tranquila se presentó: “soy Sergio Cabanillas, y mi luz siempre brilla, un encantamiento haré con las palabras que el Mago Antonio me enseñó. Cierre los ojos, y repite conmigo: mamá seré, y mi pequeñita tendré”.


Cuando Mamá Francisca abrió los ojos, una televisión en color mostraba su ovulillo mágico, que estaba durmiendo feliz en el vientre de mama Francisca.


El milagro de la vida había empezado.

 
 
 

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